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cuento de osvaldo whebe

30/07/2002 NUNCA TE VI, SIEMPRE TE AME.

Hace un rato pase por el bar donde nos encontramos todos los días a toma un cafecito con los muchachos. Paso a averiguar día y lugar del asado semanal, fecha a la que nos obliga el fixture del fútbol. Aunque usted no lo crea. Antes si había partido, poníamos la radio y si ese día caía fecha o Copa, el cotejo era escuchado de costado el asador informaba a los gritos del marcador de la noche. Tanto match televisado nos pretendió cambiar la vida. Resulta que si juega Boca. Cinco o seis de los comensales, participan de la bebida y la comida pero ya no más de la charla y si el que juega es River mas o menos lo mismo. Para no ser cabeza dura, no pelearnos, dimos el brazo a torcer y si en la semana hay un partido chivo de alguno de los grandes, el asado pasa par el día siguiente o el anterior. Yo vote en contra, pero me derrotaron por goleada. A las seis de la tarde, el dueño del boliche sabe todos los movimientos de la semana y si él tiene que salir coloca un cartelito que dice pero ejemplo: asado el martes, 21 horas, matambre a la pizza. Y todos notificados. Lo curioso fue ver que a esa hora, pleno horario de laburo, el Turco Yamil estaba en la barra, contando ampulosamente al mozo su historia reciente. Con muy poca voz, con la cara colorada de emoción, los bigotes saltones y al barba descuidada, hacia todos los gestos posibles y hablaba a los gritos, bah…emitía sonidos casi guturales… El turco trabajaba en la mercería de su tío. Ya es casi socio. El tío no tiene hijos varones y el apunta para ser el dueño del negocio. No se como hizo el Yamil, pero ayer fue a ver San Lorenzo. Nunca había ido a verlo en sus cuarenta y seis años de vida. Ni a Córdoba, ni a Rosario. Siempre al ladito de la radio. Haciendo cuernitos en el lavadero de la casa que comparte con su señora y sus dos pibes. Le salió un de independiente y otro de Vélez. Y el Yamil firme, sin resignar un paso en su fervor por San Lorenzo. Con la foto amarillenta de Omar Higinio García en el sector de la casa donde la bruja le ha permitido poner sus cosas de valor. Y la de Roberto Telch al lado y esa de la Sport grandota del Lobo Fischer. Y la de Buticce posando al lado de uno de los palos del viejo gasómetro que el Yamil ni lo conoció. Y miren que tuvo oportunidades. Hasta yo lo he invitado , le he prometido una credencial que sobraba, cuando me toco San Lorenzo. Pero no. El tipo pegado a la radio en el lavadero. Allí donde tiene la foto de su viejo cuando adolescente jugando par Argentino Libanese, un club que ya no existe. De siete jugaba el Turco mayor. Don Eduardo, que también era cuervo. Y ahí estaba el tipo en el bar. Contando a media voz toda la emoción junta. Que se había ido en el colectivo con el Gringo Valentinuzzi(al que le dicen Carotti, porque cuando jugaba decía que era Carotti, aquel wing azulgrana) y que fue porque hace diez días el medico le dijo que tenia alto el colesterol y que tenia que hacer dieta y cuidarse y hacer actividad física, y que como el duda de si mismo, de todo eso de hacer dieta y cuidarse, le dio miedo de morirse. Pensó: no me puedo morir sin ver a San Lorenzo. Y fue. Pero llevo la radio chiquita par escuchar a Victor Hugo, es era su cábala en el clausura y que casi se muere no de colesterol alto, sino de emoción y de gritar y de saltar. Ya que eso si que era actividad física. Y ahí estaba el Yamil. Expulsado del laburo este DIA de hoy por insoportable manifiesto. Por cuervo imbancable según dijo el tío dueño de la mercería que es de Boca hasta la medula. Y me vio en la puerta y me llamo. Y saltando en la mesa del bar, totalmente subido al éxtasis de una tarde inolvidable, contó la historia que ya nos contaba en el secundario y siempre que podía. Esa que a la noche, los sábados él rezaba como todos los días y pedía: Dios, hace que la mama y el papa estén bien, que mis hermanos estén bien, que el bongo (era su perro trrier) viva mucho y si no te molesta diosito, hace que mañana gane San Lorenzo. Y que durante toda la tarde-noche de ayer, sin soltar par nada la radio le pidió a diosito varias veces lo mismo, jurándole que ya no se lo iba a pedir mas. Pero que esta vez si, porque él había viajado a ver a su amor de toda la vida. A ese que nunca había visto y que siempre había amado. San Lorenzo de Almagro. Y me contaba y lagrimeaba el Turco Yamil, y ya me emociono a mí el salame y el seguía ampuloso, pateando el penal con romeo, metiendo el segundo con Ervitti, rechazando con el coco Ameli y Coloccini. Dando la vuelta olímpica, pero enojado con los que rompieron todo. “con lo que cuesta cuidar la cancha, con loa que nos costo hacerla, decía el yamil y el hilito de voz se desparramaba en el reducto de amigos. De repente paro el relato. Me miro fijo y salió par la puerta de la calle. Antes de irse se dio vuelta y dijo: ya esta, para que más, paisano. Ya esta. Me canto en el colesterol. Acordate que mañana hay matambre a la pizza.

Osvaldo Wehbe.

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